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Yolanda es
peluquera y esteticista, tiene 31 años, y comenzó a trabajar hace
diez años, desde entonces cada una de sus experiencias laborales ha
sido un ejemplo de recorte de derechos laborales básicos, en la actualidad
considera que las condiciones laborales que disfruta suponen una importante
mejora desde los primeros empleos "como trabajadoras en prácticas",
lo que realmente significaba sin nada, ni horario, ni funciones, ni
contrato, ni sueldo, ni nada de nada. Estuvo aproximadamente tres años
en diferentes peluquerías de la ciudad trabajando "para aprender"
sin ninguna relación laboral regulada y sin una norma estatal que regulase
su actividad productiva. Después ha estado trabajando diferentes meses
en distintas peluquerías, ya en la mayoría con contrato, aunque no
en todas, pero todas ellas han transgredido alguna de las condiciones
previamente pactadas ofreciendo condiciones laborales por debajo de
las establecidas en el convenio colectivo de esta rama de actividad.
El de la belleza
es un sector muy precario que rebaja las condiciones de un convenio
ya de por sí muy descargado de derechos y reconocimientos a sus trabajadoras,
que son mayoría en este ámbito profesional, la realidad de la peluquería,
y sobre todo de la estética muestra la precariedad que sufren los empleos
"de mujeres y para mujeres" en los que se ponen en práctica las
cualificaciones tácitas que las mujeres han incorporado en su proceso
de socialización, cualificaciones que no llegan a reconocerse nunca
pero que se ponen en juego en el puesto de trabajo. La peluquería y
la estética son ejemplos de un sector de actividad para mujeres que
ha institucionalizado las malas condiciones de trabajo.
Relato de
la entrevista a Yolanda
Yolanda empezó
a trabajar al concluir sus estudios, cuando comenzó no tenía contrato,
trabajaba como "aprendiza". Estudió peluquería en un instituto
de FP de Sevilla y un módulo de estética en otro. Como aprendiza no
cobraba, el argumento era que así podía adquirir experiencia. Así
estuvo unos tres años, con la promesa que tras un periodo como aprendiza
le contratarían en alguna de esas peluquerías, pero en ninguna llegó
el contrato de trabajo.
- "Y
siempre he estao trabajando desde que terminé de estudiar, pero así
de aprendiz, no te pagaban" pero hasta que ya tu dices: "O trabajas
con contrato, o te buscas otra cosa, porque toas las peluquerías era
no mismo: "No, mira, quédate aquí, aprendes con nosotros, y ya cuando
aprendas, te contratamos". Pero, así".
Después de
esos casi tres años trabajando como aprendiz en distintas peluquerías,
realizó un curso de Formación Profesional Ocupacional (FPO) para personas
desempleadas de estética, y tras terminar el periodo de prácticas
el organizador del curso que también era propietario de varias peluquerías
en Sevilla la contrató como esteticista, esté fue el primer contrato
que tuvo, un contrato a media jornada de seis meses de duración como
esteticista con un sueldo de 300 euros. Tras los primeros seis meses,
le contrataron como instructora de estética para una nueva edición
del curso de FPO que ella cursó el año anterior.
- "Y
era, pues eso de esteticista, arreglando a la mujeres, a las que entran,
la manicura, pedicura, todo lo que es la estética, y me pagaban 300
euros, por media jornada, de lunes a sábado, la verdad es que no estaba
muy mal, muy mal muy mal, lo que pasa es que el contrato era un contrato,
un contrato de mierda, ¿no" Pa mi parecer tampoco estaba muy mal el
sueldo, en verdad, 300 euros, no es ná, es una porquería, pero, era
media jornada y tampoco se hacía gran cosa, tampoco te matabas a trabajar,
lo único malo era el contrato, y, ahí empezaron los primeros problemas
porque, ya cuando se me terminaba el primer contrato, que era de seis
meses, me iban a hacer otro nuevo. No. Me extinguieron el contrato para
hacerme otro nuevo, y este iba a ser de jornada completa, pero ya no
era esteticista, sino, instructora de estética, o sea, era pa, para
dar clases de estética, al mismo cursillo que yo había hecho, el año
anterior, ¿me entiendes" Pero ya con otras alumnas nuevas".
El primer contrato
como esteticista no terminó como legalmente debía haber terminado,
ya que no firmó ni recibió finiquito, tampoco disfruto de vacaciones,
conceptos por los que Yolanda reclamó al empresario.
"Empezaron los
problemas porque, en el primer contrato no me habían dado vacaciones,
no me la habían pagado tampoco, entonces fui a la CNT, y ya cuando
el abogao vio el contrato, vio los papeles y lo vio tó, dijo: "pero
¿tu sabes lo que tú has firmao" Si tú no tienes derecho a ná".
Es como si
Yolanda solamente tuviera obligaciones en su trabajo y ningún derecho,
solamente un salario de 300 euros, el empresario no le dio las vacaciones
ni el finiquito, y Yolanda que no se fiaba de él fue a informarse.
Es frecuente que las empresas que son "competitivas" a costa de
la precarización del trabajo oculten los derechos a sus trabajadoras,
en este caso, y si éstas reclaman lo que les corresponde, tratan de
falsear la verdad, por eso es importante que los y las trabajadoras
conozcan sus derechos, para poder reclamarlos, a pesar de las dificultades
incluso para reconocerlos por parte de quienes contratan.
"Lo que pasa es
que no me dieron las vacaciones porque no quisieron, y ellos, me habían
comío el coco diciendo que en seis meses no te pertenecía vacaciones,
y luego, cuando hablé con el abogao me dijo: "Si, a todo el mundo
le pertenece, por seis meses te pertenece, la mitad de lo que pertenece
en un año, o si no la parte proporcional. Y luego hablé con el jefe
y me dijo: "Bueno, te damos vacaciones pero no son una semana, como
tú no trabajas a jornada completa, sino que trabajas a media jornada,
te pertenecen la mitad de la mitad, o sea, un timo, ¡vamos!".
En ese primer
trabajo con contrato, además de las vacaciones y el finiquito había
otra razón que la hacía estar incómoda y no poder trabajar a gusto,
aunque no le demandó por eso.
"¿Había otra
cosa que te molestaba"
¡Noo! Bueno, me
molestaba mi jefe. Porque era, no se, yo nunca había tenío problemas
con el, ¿no" Pero, me habían llegao a los oídos rumores sobre él
de que es muy sobón, de que le gustaba mucho rozarse con la gente,
incluso, un compañero mío, que es gay, me llegó a decir que le habían
ofrecío, que "Manolo Onega" le había ofrecío ponerle, una peluquería
a su nombre, a cambio de tener relaciones con él, vamos. Y, y muchas,
y más gente, muchas compañeras, incluso, alumnas de la academia también
me contaban cosas de esas. Y, y yo la verdad es que no he tenío nunca
problemas con él, a lo mejor el único problema que había tenío era
de, de sisearme: "slip, shiiiip". Y de decirme algo por el pasillo,
al verme sola por el pasillo, a lo mejor me decía, yo que se, me decía:
"¡Qué guapa eres, hija!". Pero ya, más no. Pero en realidad,
yo no fui a CNT por eso, porque yo a eso no le había dao importancia
ninguna, yo fui por lo que ya te he dicho, lo del finiquito, lo de las
vacaciones, y ya, trabajando como instructora de estética, fue cuando
ya empecé a exigirle las vacaciones del contrato anterior, más las
del contrato nuevo.
Yolanda comenzó
a informarse sobre las condiciones de su primer contrato una vez que
estuvo extinguido y cuando ya tenía el contrato como instructora, que
en realidad también estaba hecho en fraude de ley y le ofrecía mucho
menos de lo que le correspondía como formadora de un curso de FPO,
ya que seguía cobrando como esteticista de más bajo nivel según el
contrato. Yolanda tenía las mismas condiciones y había seguido el
mismo proceso que una compañera suya que también fue alumna del curso
de FPO. Su compañera era la instructora de prácticas de estética
y Yolanda era la instructora de la teoría. Trabajaban más horas de
las que correspondían a la jornada completa, ya que los sábados trabajaban
horas adicionales a las 40 establecidas como esteticistas.
"Y no sólo trabajaba
como instructora, que los cursillos eran de lunes a viernes, y teníamos
que trabajar también como esteticistas los sábados. Y el sueldo que
teníamos, no era el del contrato, sino que pertenecía al del convenio
colectivo de peluquería" nos estaban pagando por debajo ¿sabes"
No como instructora... Ahí trabajaba ya a jornada completa, aunque
en verdad trabajábamos más porque teníamos que trabajar también
los sábados. Estábamos echando más.
Cuando pasó
un tiempo, Yolanda le reclamó a su empresa el trabajo que realizaba
los sábados, logró las vacaciones que le correspondían del primer
contrato como esteticista y seguía cobrando el mismo salario. El coste
de reclamar lo que le correspondía fue que dejaron de contar con ella
en cuanto terminó su contrato, que tuvo una duración de un año, tras
el cual no le renovaron. A su compañera no le ocurrió igual, ya que
aunque estuvo interesada en un primer momento en reclamar para cobrar
el finiquito del primer contrato, después no reclamó lo que le correspondía
como instructora, a Yolanda no le renovaron y a ella si. Quizá sea
más frecuente de lo que sería razonable que aunque exista una situación
de vulneración de derechos, no todos los trabajadores o trabajadoras
decidan reclamar lo que les corresponde, probablemente el miedo al desempleo
o el pesimismo por pensar que no encontrarán un trabajo mejor al que
tengan, aunque éste no sea bueno, les frene; el hecho es que este comportamiento
individual cuando se suma colectivamente, hace que las condiciones de
trabajo no evolucionen necesariamente hacia una mejora, sino más bien
al contrario.
"Luego dejé de
ir los sábados, pero porque yo quise, ya me dieron por fin las vacaciones,
y ya, el sueldo era lo único que no cambió, pero, en cuanto terminó
mi contrato, ya me fui a la calle" y el sueldo era 600 euros, el doble
de los 300 que cobraba cuando era a media jornada, así estuve un año"
y después ya no me renovaron, ya me fui a la calle. Sin embargo, a
mi compañera, al final, se rindió, digamos, me dejó sola, vamos.
A ella le ofrecieron ir los sábados por quince euros, ella decidió
ir" yo empecé a decirle que si había juicio, que si ella estaba
dispuesta a ir, y me decía: "Si, si. ¿Nosotros" Si tú me
ayudas a mí, yo te ayudo a ti". Pero total, fui yo la única que
fui a la CNT, y la única que se movió, y ella no continuó, me dejó
tirá". Y a ella la volvieron a contratar, pero ya en otra peluquería
distinta, del mismo dueño, pero en Alcalá de Guadaira.
Cuando una
trabajadora reclama lo que le corresponde, evidentemente el ambiente
de trabajo se tensa, ya que la cordialidad, si existe, lo hace solamente
cuando es la empresa la que marca las condiciones de trabajo y los derechos,
y son las trabajadoras o trabajadores quienes asumen lo establecido.
Si son las trabajadoras las que intentan establecer cierta norma, el
ambiente se "enrarece", lo que hace que la situación y el entorno
laboral sea incómodo y no sea fácil desempeñar diariamente el trabajo.
Algunas empresas no solo tratan de negarse a aceptar los derechos que
corresponden a una trabajadora, sino que tratan de que la trabajadora
piense que no lleva razón cuando los reclama, tratando de convencerla
de que está equivocada y que le están engañando para que pida cosas
que son "impensables".
¿Y las relaciones
durante ese tiempo, como eran en el trabajo"
Tensas, tensas,
Eran muy tensas" no pasaba ná, pero a lo mejor cuando yo quería
hablar con Manolo Onega me decía (gritando): "¡Ofú, Yolanda, ya
te he dicho que esto es así, que no se qué! ¡Qué, es que te están
engañando!". Me quería hacer creer que eran ellos, el sindicato,
los que me estaban engañando a mí. "¡Que ya te darás cuenta tú
por ti misma!".
¿Y tú como te
sentías"
Yo no me sentía
de ninguna manera, porque yo sabía cuál era la verdad y cual era la
mentira, yo sabía que, lo que intentaba Manolo hacer, era intentar
convencerme de lo contrario, ¿sabes" Me sentía mal por eso, porque
me sentía un poquito impotente porque decía: "Bueno, este tío na
más que quiere engañarme, y cada vez que me tenía que enfrentar a
él, era una tensión y no sabía como empezar, y no saber cómo decirle
las cosas, y no saber cómo enfrentarme a él, en verdad, no sabía".
Yolanda se
sentía sin capacidad de poder hacerle frente a su jefe, que además
era el dueño de todo, de la academia, de la peluquería, y del resto
de peluquerías que tenía en Sevilla y pueblos de alrededor, esto es
relevante para mostrar el nivel económico de que disponía, a pesar
del cuál trataba de enriquecerse a costa de sus trabajadoras, que ya
de por sí tenían un salario y unas condiciones muy escasas.
"Él era el dueño
de la academia, el dueño de la peluquería y el dueño de todas las
peluquerías que él tenía. Él lo tenía todo, vamos".
La forma como
le comunicaron a Yolanda que la relación laboral en esa empresa había
concluido no fue directa, sino la forma que se suele utilizar, dicen
que ya llamarán más adelante para firmar un nuevo contrato, probablemente
con el objetivo de evitar que la trabajadora o el trabajador denuncie
a la empresa si ésta ha cometido alguna infracción, y así dejar pasar
los veinte días que tiene de plazo cualquier trabajador si quiere presentar
una denuncia a la empresa. La verdad es que esta es una situación difícil,
porque los y las trabajadoras necesitan trabajar y las empresas que
no les dan lo que les corresponden lo saben, si una trabajadora denuncia,
sabe que deberá buscar otro empleo tras pasar un tiempo en desempleo
más o menos largo, y si no denuncia, se quedará esperando una llamada
que normalmente no llega, debiendo entonces asumir que no la van a llamar
y debiendo comenzar a buscar otra cosa, pero ya habrá pasado el tiempo
suficiente como para no poder reclamar lo que corresponde. El tiempo
de espera, o la sensación de tiempo que se ha esperado mientras se
confía en la llamada de la empresa es mayor o menor según la persona,
el sector, la empresa, pero es un tiempo de desesperanza. Yolanda
no se fió de la empresa y denunció antes de que pasaran los veinte
días, a pesar de que le dijeron que le llamarían.
"¿Y cómo te
dicen que ya no te van a renovar el contrato"".
Nada, sino que,
cuando se acabó mi contrato me dijeron que ya me llamarían, pero como
yo ya había comenzado a reclamar, pues evidentemente" Luego tuve
el acto de conciliación, que es anterior al juicio... ahí ya le estaba
reclamando todo, ya todo. Las cantidades, porque me estaba pagando menos
de lo que me pertenecía como instructora, pues las cantidades, y, y
todo, todo, lo que era"Yo decía, llamarme no me van a llamar, está
claro, y por eso les denuncié".
En este caso,
Yolanda no fue a juicio porque la empresa asumió el pago que correspondía
pagar, el abogado del sindicato que representaba a Yolanda preparó
las cantidades globales, y la empresa las pagó antes de ir a juicio.
"En el acto de
conciliación, mi abogado fue el que llegó a un acuerdo con, con Manolo
Onega, y me dieron una indemnización de casi tres mil euros.
Bueno, que era lo
que te correspondía.
Si, bueno, más,
más, me dieron un poco más".
Entonces Yolanda
se queda en paro y encuentra otro trabajo, que suma el grueso de peluquerías
con muy malas condiciones de trabajo, incluso lugares en los que no
le pagan y en los que tiene que "sudar" para cobrar los salarios
que debía haber cobrado a final de mes.
¿Entonces te quedas
en"
En el paro. Y ya
por fin, encuentro, otro trabajo.
¿Ese es el que
tienes ahora"
¡No! Es que yo
he pasao por muchas peluquerías, a cual peor.
Yolanda encuentra
trabajo en otra peluquería, la peluquería de un gran gimnasio del
centro de Sevilla, el "Salto Sport", allí trabajo solamente durante
medio mes en diciembre para apoyar la gran demanda de trabajo en estas
fechas. Tras quince días de trabajo le dieron 30 euros, por eso fue
de nuevo al sindicato y fue en varias ocasiones el secretario de acción
sindical a reclamar la cantidad que le correspondía por quince días
de trabajo, cantidad que Yolanda no recibió hasta un año después
de haber dejado el trabajo; fue de nuevo el secretario de acción sindical
de CNT quien reclamó a la empresa lo que le debían a Yolanda, que
dejó ese trabajo, por supuesto también sin contrato porque le llamaron
de otra peluquería en la que había entregado el CV.
"En el "Salto
Sport" tampoco tenía contrato, estuve, quince días nada más, pero
como me llamaron de la otra donde ya sí me hacían contrato"
¿No te hicieron
contrato"
No, no me hicieron
contrato, no me hicieron contrato. Ahí hacía solo peluquería, era
lavar cabezas, poner algo de tinte, y recoger un poco la peluquería"
Y me pagaron menos todavía, vamos.
¿Cuánto te pagaban"
No me llegaron a
pagar, tuvo que ir un compañero del sindicato a reclamarle lo que me
debían.
¿No te pagaron
los quince días"
No, no, me daban
30 euros nada más, pero yo les dije que cómo iba a ser eso, ¿treinta
euros por medio mes trabajo" Eso es imposible, entonces fue el compañero
del sindicato a reclamarlo y al año siguiente fue cuando ya me pagaron
150 euros o 100n euros, no me acuerdo. Y me pagaron porque fue a reclamárselo.
Se fue del
"Salto Sport", porque le llamaron de "Jean Louis Lavin" como
esteticista, en esta peluquería le hicieron un contrato de seis meses
tras haber dejado su CV tras ver una oferta publicada en un periódico
de anuncios por palabras. Tras un día de prueba, que no le pagaron,
por supuesto, le hicieron un contrato de seis meses con un salario de
500 euros mensuales. Un salario por debajo del salario mínimo interprofesional1,
además de trabajar más horas que las 40 horas semanales, establecidas
como jornada laboral a tiempo completo.
Me llamaron, me
hicieron un aprueba, me dijeron que si, que les gustaba, me contrataron,
me hicieron un contrato de seis meses, y, y me pagaban quinientos euros,
pero digo: "Bueno, es que es mejor eso que no tener nada"" entraba
a lo mejor a las doce del medio día, y salía a las ocho, no, salía
a las nueve, porque tenía una hora pa comer, es verdad" allí trabaja
en estética" manicura, pedicura, la cera, limpieza de cutis, maquillaje
En este trabajo
le fue muy mal a Yolanda, pero no por ser ella quien es, sino por no
conformarse ni asumir condiciones muy precarias, el problema es la generalización
de estas condiciones en esta rama de actividad. Yolanda comenzó
a llegar tarde para compensar el tiempo adicional a su jornada que trabajaba
todos los días. En este trabajo Yolanda era discriminada en diferentes
aspectos respecto a sus compañeras: no le repartían bote, comía un
bocadillo en una habitación sola mientras las demás iban al bar. Además,
debía ser ella la que estuviese pendiente de las clientas para intentar
que éstas aceptasen hacerse algo relacionado con la estética. Yolanda
ante la presión, el poco salario y el tiempo de trabajo adicional por
encima de su jornada, comenzó a llegar tarde, no superando así
el periodo de prueba. Es como si para mantenerse en un trabajo hubiera
que aceptar las condiciones más bajas posibles, 500 euros mensuales
en jornadas de más de 40 horas, presión por parte de las jefas, agravios
comparativos respecto a sus compañeras, etc.
¿Qué tal allí"
¿Allí" Fatal.
Fatal con las compañeras, con la jefa, de hecho siempre llegaba tarde
al trabajo, no llegaba a mi hora, y en el periodo de prueba me echaron.
Me dijeron: "No has superado el periodo, así que no queremos que
sigas con nosotros".
¿Por qué estabas
mal, qué pasaba"
Porque mira, las
compañeras eran muy exigentes, como si fueran ellas las mismas jefas.
Luego, se supone que el bote es para cada una, y a mí no me repartían
bote.
¿No te repartían
bote"
A mí no me repartían
bote. La jefa, también, siempre exigente: "Tienes que estar pendiente
de las clientas tienes que preguntarle, yo lo preguntaba, pero si la
gente no se lo quiere hacer, yo no las voy a obligar. "Tienes que
procurar que la gente se haga manicura". Total, que yo me agobié,
empecé a llegar tarde todos los días, por el mismo agobio, digo: "Total
pa lo que me pagan aquí, y como además, siempre salía más tarde
de mi hora, digo: "Pues las horas, el tiempo que salgo más tarde,
pues al día siguiente, entro tarde". Es lo que yo hacía por mi propia
cuenta, entonces, se dieron cuenta de eso, de que llegaba tarde, y a
los dos meses del periodo de prueba me dijeron que a la calle.
Yolanda entonces,
reclamó lo que le correspondía, ya que el salario que le ofrecieron
estaba muy por debajo de lo establecido en el convenio colectivo. Para
conseguirlo debió moverse, poner una denuncia, ir al acto de conciliación,
a juicio y esperar bastante tiempo. La precariedad no es algo
puntual de un establecimiento o empresa sino que parece ser algo generalizado
del sector de la belleza, peluquería y estética, a pesar de tener
un mal convenio colectivo, por lo bajo de los derechos y condiciones
que establece, que ni siquiera es cumplido.
Entonces, otra reclamación
de cantidades" me pagaban 500 euros al mes, pero en el convenio colectivo
no son quinientos euros, son seiscientos y pico, por eso le reclamé
esa diferencia de cantidad. ¿Peluquería en la que he trabajao" Peluquería
en la que he tenío conflictos. En todas, vamos. Pero porque he reclamao
lo que me corresponde, ha sido tó por lo mismo, ha sio por reclamar
lo que me corresponde.
"Wonder Sur"
fue la siguiente peluquería en la que trabajó, tras tres meses de
desempleo posteriores a los dos meses de trabajo en la peluquería anterior.
Yolanda se planteó incluso cambiar de actividad y comenzar a buscar
trabajo en el sector de limpieza, que también contrata mujeres, en
el que trabajaba un amiga suya que le comentaba que podría llegar a
cobrar más. Yolanda pudo pasar este tiempo de desempleo porque vivía
con su madre, aunque ya se estaba convirtiendo en un periodo que le
parecía demasiado largo. De nuevo le hicieron una prueba, que significa
trabajar un día completo para sin contrato, sin salario, gratis.
Pasaron dos o tres
meses por lo menos, estaba yo desesperá y estaba pensando incluso ponerme
a limpiar. Porque una amiga me había hablao de que, si ella podía
me metía en su empresa, pa limpiadora, que se gana más. Y yo pues
estaba dispuesta a ponerme a limpiar" Eché currículo, me llamaron,
bueno, me hicieron una prueba, les gusté.
¿Cómo es la prueba"
La prueba consiste
en llevarte un día, trabajando para ellos, trabajando gratis, no te
lo pagan, tampoco. Hay peluquerías que sí te lo pagan, pero lo mayoría
no te lo pagan, como es una prueba, dicen que no.
También en
esta peluquería le ofrecen un sueldo de 500 euros, más un plus de
60 euros que nunca llega a cobrar. En esta peluquería Yolanda tiene
contrato como esteticista pero trabaja también como peluquera.
Entonces les gusté,
les caí bien, y ella misma me dice que me va a pagar 500 euros, bueno
me dijeron: "Quinientos euros más el bonobús, y según ella el bonobús
constaba 60 euros al mes"" Entonces, supuestamente me tenían que
dar 560. Bbueno, cuando me va a pagar el primer mes, sólo me da 500
euros, y le digo: "Bueno, y el bonobús ¿no me lo vas a dar" Dice:
"Es que el bonobús no cuesta 60 euros" "Bueno, pero es lo que
habíamos hablao, tú me lo dijiste, salió de tí, no de mí". Ahh,
tampoco me hacían contrato, me dijeron que sí, que me hacían contrato,
pero no me lo hicieron.
Le trasladan
de peluquería, del barrio de Santa Eulalia en Sevilla la pasan a Felipe
II, también en la misma ciudad. En ambos barrios Yolanda coge dos autobuses
para llegar, por eso en realidad no le supone un problema mayor que
la trasladen de peluquería. Le trasladan de peluquería tras terminar
el primer mes, aún sin contrato. En el segundo lugar está peor, por
la poca amabilidad de las compañeras, y sobre todo de la encargada,
de la que dice Yolanda que es una persona que no conoce el oficio de
peluquera, lo cual dificulta que pueda organizar bien el trabajo y que
llegue a ponerse en la piel de las trabajadoras, al menos no en su piel.
"Ella se dedicaba
a mandar".
En el segundo
trabajo, Yolanda preguntaba tanto a la encargada de la segunda peluquería,
como a la propietaria, por su contrato de trabajo. No es la primera
vez que las empresas tratan de justificar la tardanza o ausencia de
contratos por problemas en las gestorías, es como una forma de no asumir
la responsabilidad, como un contratiempo contra el que no se puede luchar,
cuando más bien es una verdadera excusa, ya que si una gestoría en
un mes no ha preparado un contrato dejarían de contratar sus servicios.
Cada vez que tengo
la oportunidad, le pregunto por el contrato, tanto a la encargada como
a la jefa, a ella por teléfono: "Noo, que sí, que está en marcha,
que el gestor no se qué, el gestor está teniendo problemas, pero que
tú no te preocupes que ya te hemos dao de alta, no se qué". Y yo
tenía mi cartilla del paro, y como mi cartilla del paro se la había
quedao ella por el tema del contrato supuestamente, perdí hasta el
paro, o sea, no pude ni ir a sellar el paro, la antigüedad, digo. Decía
que le hacía falta al gestor pa el contrato.
Yolanda afirma
que en esta empresa, la jefa, que se había quedado en la primera peluquería,
tenía un comportamiento correcto con ella, pero entiende que era para
evitar el conflicto, para contentar a Yolanda y que siguiese esperando
el contrato.
Ella te ponía muy
buena cara: "Si, Yolanda, no te preocupes". Pero si te podía putear,
y mandarte, por ejemplo a Felipe II o tenerte que quedar más tiempo,
te tenías que quedar, vamos. Era lo normal quedarse más tiempo.
Yolanda trabajaba
los sábados, y debían quedarse allí a comer por el ritmo de trabajo
tan intenso, el primer mes de trabajo, en la primera peluquería de
esta empresa, las condiciones y trato negativo eran mayores para Yolanda
que para el resto de sus compañeras, ya que éstas comían en el bar
un menú, mientras ella se quedaba sola y comía un bocadillo en la
misma sala de estética en la que trabajaba, ni siquiera podía ir con
sus compañeras a comer.
Los sábados me
tenía que quedar allí a comer porque no me daba tiempo de irme a mi
casa, bueno, pues todas mis compañeras se iban a comer al bar, y a
mí me decía: "Toma, cómprate un bocadillo y te metes ahí en el
salón, en la sala de estética". Y es lo que tenía que hacer, me
tenía, vamos" Y yo decía: "Pero bueno, por qué". Dice: "No,
es que es estética, por si viene alguien, tienes que atenderla".
"Bueno, pero tendré mi derecho de comer. ¿no"". Y dice: "Si,
si, pero tú te comes el bocadillo ahí tranquila y si viene alguien,
ya tú la atiendes". Esas eran las cosas que pasaban en el "Wonder
Sur", en la primera peluquería, en la segunda, ya si comíamos todas
juntas en el salón de estética, pero comíamos juntas, y entonces
sí me traía la comida de casa.
Tras los dos
meses de trabajo sin contrato y tras haber recibido solamente 500 euros
por el primer mes de trabajo, le llaman de otra peluquería y decide
aceptar y cambiar de trabajo, pero estableciendo como condición un
contrato de trabajo y un salario establecido en el convenio. Tras los
dos meses de trabajo, Yolanda tiene que contar de nuevo con su sindicato
para reclamar el sueldo del segundo mes y la diferencia entre 500 euros
y los más de 600 que establecía el contrato. Antes de denunciarles
fue a hablar con su jefa acompañada de una compañera del sindicato
para informar a la jefa de que se iniciaría un conflicto laboral si
no le pagaba lo que le debía.
¿Y todavía no
te habían hecho el contrato"
No, no, el contrato
no me lo hicieron jamás, vamos.
La jefa les
dijo que les pagaría, que hablaría con el gestor, y una vez que hubiesen
hecho los cálculos, la llamaría para que fuese a recoger el dinero
que le correspondía.
¿Y te llamaron
para darte lo que te debían"
No, no me llamaron.
Pasó el tiempo,
había dejado el trabajo en el mes de junio y ya había pasado el verano
sin tener noticias, Yolanda de nuevo expuso su tema en una asamblea
del sindicato ya que la jefa aún no le habían pagado. En esta ocasión
fueron dos compañeros más del sindicato a reclamarle a la jefa de
nuevo las cantidades que Yolanda aún no había recibido y que eran
suyas, el segundo mes aún no lo había cobrado.
La jefa: "Si,
si, que le vamos a pagar, que es verdad, que no se qué".
Pasó casi
un año desde que salió de la empresa hasta que recibió el sueldo
del segundo mes más las diferencias respecto al sueldo de más baja
categoría establecido en el convenio colectivo. No obtuvo el dinero
hasta que el sindicato pudo organizarse y realizar una concentración
en la puerta de la peluquería, sólo así consiguió cobrar tras un
año después de dejar la peluquería en la que nunca llegó a tener
contrato.
Ya empezaron los
conflictos, primero se reunió el abogao del sindicato con el de la
empresa, bueno, no era abogao, era otra cosa, pero le representaba.
Y dijeron que sí, que iban a llegar a un acuerdo, pero como no me pagaron,
pues entonces fue cuando se formó todo. Hicieron una concentración,
con banderas y eso, la tía acojoná, y ya al día siguiente, ya tenía
el dinero en las manos, me pagaron.
Fíjate, no pensaba
pagarte.
Me pagaron, 900
euros, el segundo mes no lo había llegao a cobrar yo siquiera. Era
el mes, más lo que me correspondía del otro.
La peluquería
a la que se fue a trabajar es la que desempeña actualmente su trabajo,
en la que también trabajó gratis y sin contrato el día de "prueba".
Las condiciones de Yolanda no son otras que cobrar lo que indique el
convenio colectivo y tener contrato laboral. Parece una broma, pero
los mínimos se convierten en condiciones, cuando la realidad está
muy por debajo de lo establecido legalmente.
Justamente se lo
dije a la de Alfonso, la nueva peluquería, en la que estoy ahora: "Mira,
yo estoy trabajando, pero ¿yo" Si cambio de trabajo es para mejorar,
y pa que me hagáis un contrato en condiciones". Y dice: "Si, sin
problema, tú, te vienes por aquí, haces la prueba, nosotros te hacemos
contrato. ¿Cuáles son las condiciones que tú pides"". "Yo como
mínimo el convenio colectivo, eso como mínimo. Y pido que se me haga
contrato, y un contrato de las horas exactas que eche, ni más ni menos".
Dice: "Sí, si, eso no es problema, aquí las niñas que tenemos empleás
están todas con contrato, están cobrando lo que viene en el convenio".
Tal como me llamaron, me fui pa allá.
Ahora trabaja
en una peluquería de barrio que tiene muchísima clientela. Comienza
con un contrato de tres meses. En este trabajo es en el que Yolanda
piensa que está mejor, a pesar de que serían condiciones plenamente
mejorables, la comparación con las empresas anteriores, es lo que hace
que Yolanda se sienta mejor en su actual trabajo. A pesar de ello la
categoría por la que está contratada no es la que realmente desempeña,
ya que le correspondería un mayor reconocimiento y por tanto mayor
sueldo también. Además Yolanda organiza el trabajo y realiza los pedidos
necesarios, algo que correspondería a la encargada o encargado y que
no tendría por qué realizar.
Me hacen un contrato,
primero, de tres meses. Muy bien, la verdad, las cosas como son, dentro
de lo que cabe, pa las malas condiciones que hay en la peluquería,
empezando por el convenio, no estoy tan mal. Me pagan, cerca de setecientos
euros, no llega, 690, por ahí, más o menos, es lo que viene en el
convenio, pero es lo que viene en el convenio de categoría I, en verdad
a mí lo que me pertenece es la categoría II. La categoría I es como
lavar cabezas, poner tintes y poco más. Yo no estoy en peluquería,
yo estoy en estética, pero yo no me dedico solo a hacer lo básico
de la estética, yo lo hago ¡todo! Lo de la estética. Incluso tengo
que hacer los pedidos y tengo que organizar el trabajo, yo soy mi propia
encargá, y mi propia, bueno, mi propia jefa no, pero que no sólo trabajo
como esteticista.
En este trabajo
tiene cinco compañeras peluqueras, y otra compañera esteticista, como
ella, más los dos jefes, un hermano y una hermana que también trabajan
como peluqueros.
¿El resto de tus
compañeras tienen contrato como el tuyo, o no sabes"
Yo creo que sí,
pero no lo se, con seguridad no.
¿Todas con categoría
I"
Creo que sí.
El ocuparse
de los pedidos de materiales, cremas, esmalte de uñas, de la organización
de su trabajo.
Y ese trabajo es
más de lo que te pagan.
Exactamente, eso
pertenece al grupo II, y a mí me están pagando por el grupo I.
Trabaja a jornada
completa, 41 horas, que en muchas ocasiones se extiende mucho más allá.
Si su día libre fuese víspera de festivo pierde el descanso, y durante
las vacaciones de su compañera va todos los días a trabajar; trabajo
adicional que no le reconocen de ninguna forman, por supuesto no le
pagan por ello. A Yolanda además de mejorar sus actuales condiciones,
aún siendo consciente de que son mejores que las de otros lugares,
apela por una mejora del convenio colectivo de peluquería.
El contrato es de
cuarenta horas semanales, echo cuarenta y una, siempre y cuando descanse
los miércoles, es decir, mi día de descanso, y salga a las ocho, todos
los días. Si salgo más tarde ya son más de cuarenta y una.
¿Y a veces echas
más de cuarenta y una"
A veces echo más
de cuarenta y una. Las horas extra no te las pagan. Y los días festivos,
si el día festivo es jueves, el miércoles no descanso, me lo quitan,
y no me lo dan. ¿En vacaciones" Cuando mi compañera, está de vacaciones,
la otra esteticista, ¿durante esos quince días2" Me quedo,
¿los quince días" Sin descansar, y tampoco te lo pagan.
¿Tampoco te lo
pagan"
No descanso ningún
día, na más que el domingo, porque cierran la peluquería. Por lo
demás, bien, vamos, bien, entrecomillas, lo primero que habría que
cambiar sería el convenio colectivo, porque es que el convenio colectivo
de peluquería es pésimo, pésimo, empezando por el sueldo, que es
que es una miseria de sueldo, tanto la categoría I como la V, son bajas.
El sueldo es miserable, miserable.
Los ritmos
de trabajo son muy intensos, realiza un trabajo estresante, ya que está
atendiendo al público y siempre tiene personas esperando para ser atendidas,
especialmente los sábados, algunos de los cuales se traslada a las
casas de novias a las que ella maquilla, y por las que la peluquería
cobra aproximadamente 300 euros, de los que Yolanda no recibía nada,
y de los que ahora recibe 20 euros adicionales a su sueldo por cada
maquillaje de novia que realice, pero tras reclamarlos, trabajo que
no le exime de continuar su trabajo en la peluquería antes o después
del maquillaje de novia realizado.
¿Cuéntame cómo
es un día cotidiano de trabajo, o una víspera de fiesta"
Un día normal,
o sea un lunes o un martes o un día que hay menos trabajo, más o menos
se sobrelleva, porque la estética va por citas, vas cogiendo tus citas,
y vas atendiendo tus citas. Aparte de la gente que tenga cita, tienes
que atender a la gente que esté, en peluquería, peinándose, que a
lo mejor se quiere hacer una manicura, o unas cejas" Eso un día normal,
¿no" ¿Los fines de semana" Son tremendos, tremendos, sobre todo los
sábados, hay muchos sábados que tenemos que arreglar novias, y tenemos
que también ir a la casa a maquillar" este sábado maquillo a una
novia, tengo que ir a su casa a maquillarla, ahora sí me lo pagan,
ahora me pagan veinte euros, me lo pagan aparte. Pero al principio
no me lo pagaban, pero, tanto mi compañera como yo, se lo dijimos:
"Mira, es que esto es fuera de horario, y además, tenemos que trasladarnos.
Nos dan muy poco, nos dan veinte euros, pero bueno" y ellos lo cobran
bastante bien, porque un maquillaje de novia te puede costar perfectamente
trescientos euros" antes no nos pagaban nada, nada más" por ejemplo,
pa la semana que viene, la novia se casa a las seis de la tarde, ¿no"
Entonces, seguramente saldré de la peluquería a las dos, me iré pa
la casa de la novia, maquillo a la novia, y ya me voy yo pa mi casa.
Y ya me pagan el sueldo más los veinte euros del maquillaje. Eso la
semana que viene, que se casa la novia por la tarde, luego hay otra
novia que se casa temprano, a las once, entonces tengo que maquillarla
antes de entrar en la peluquería: "Vete a la casa de la novia".
Maquillo a la novia, y me vuelvo a la peluquería a trabajar, que yo
supongo que eso también me lo pagarán, si no, no creo yo que vaya
a maquillar a más novias.
Claro, tienes que
apuntar los días que sales.
Si, si, eso lo tengo
claro.
El ritmo de
trabajo un sábado o víspera de festivo es muy intenso, no es sólo
el trabajo sino el ver a la gente esperando, todo el mundo con prisa,
y todo el mundo esperando que termines con la anterior para ser atendidas,
sábados en los que puede llegar a trabajar tres horas más de lo que
debería, que por supuesto no le pagan. Yolanda trabaja sin poder detenerse
a descansar un rato. Atiende las citas tomadas por teléfono en días
anteriores, más lo que demanden las personas que están siendo atendidas
en la peluquería, eso hace que se retrasen sus citas y que la jefa
le presione para que se de prisa y pueda atender a todas las que demandan
sus servicios, antes de que las personas se desesperan. Yolanda no debería
trabajar con esa presión, ya que en realidad aceptan más trabajo del
que se puede hacer en el tiempo disponible, el precio de atender a todas
las que lo necesiten es salir más tarde de su trabajo, tiempo que no
le pagan y que se lo roban a su vida, así como ansiedad y dolores musculosas.
Ahora ha comenzado a empoderarse un poco más en su trabajo, y a decirle
que no puede ir más rápido.
Y un sábado, o
una víspera de festivo, ahí en la peluquería, es, ¿la gente" Esperando
ahí en la puerta, muchas de ellas, desde las siete de la mañana, esto
dicho por las propias clientas, se forma, una cola tremenda, porque
en la peluquería no hay cita, como en la estética, y se forma tanto
lío, que al final tienen que terminar dando números, porque se forman
unos líos tremendos. Abrimos a las nueve, los sábados echamos de nueve
a dos, entrecomillas" porque nunca es a las dos, salimos mucho más
tarde de las dos. Hay sábados, que incluso sin maquillar novias ni
ná, he salío incluso a las cinco de la tarde. Que son tres horas más
que no te las pagan, tampoco" Yo, atiendo a mis citas, como siempre,
un montón de citas, los sábados y los viernes son un montón de citas,
y las vísperas de festivos, igual, un montón de citas" yo atiendo
a mis citas, y lo mismo de siempre, si hay alguien de peluquería, que
siempre las hay, que quieren hacerse algo de estética, pues la tengo
que atender. Hay veces que por ese motivo se me retrasan las citas,
voy retrasá, muy retrasá, la gente, muchas veces se cansa de esperar,
y se van y cogen cita pa otro día, otra gente que no tienen cita, si
ven que no las has atendío, también se enfadan. Es que yo no tengo
tiempo y mi compañera tampoco tiene tiempo. Somos dos esteticistas
nada más, pa un montón de gente. ¿Eso es" Superestresante, superestresante.
Hay gente que lo comprende, pero otra: "¡Es que llevo aquí dos horas
esperando y todavía no me habéis atendido, que me voy sin que me hagas
la manicura, no se qué!". Y eso va para tí, eso no va para la jefa,
la jefa dice que hay que procurar atender al máximo de gente posible,
y se lo decimos: "Mira, Maria Dolores, es que nosotras, hacemos todo
lo posible por atender, pero no somos máquinas". Dice: "Ya, yo
eso lo entiendo, pero os tenéis que dar prisa, porque la gente se va
enfadá, la gente si se enfada deja de venir a la peluquería". Pero
es que nosotros no podemos hacer otra cosa. Y yo ya he cogío
la costumbre de decir: "Mira, paso de la jefa, paso de las clientas,
yo voy a lo mío y a mi trabajo. Si me da tiempo les atiendo y si no,
pues, ¿qué voy a hacer"". Yo no pienso amargarme. Y te dice,
que a ver si puedo atender a esta mujer, que a ver si tengo un hueco,
eso te lo dice, eso te lo dice. ¿Yo" Yo se lo digo a ella: "María
Dolores, yo me doy la prisa que puedo, si puedo bien, y si no pues lo
siento mucho, María Dolores". Y, ya más o menos está más conforme,
digamos, más tranquila, pero, ¿al principio" Horroroso.
Yolanda considera
que el espacio en el que realiza su trabajo es suficientemente amplio,
aunque ha tenido empleos en los que trabajaba en habitáculos muy pequeños
que le obligaban a mantenerse en posturas que no cumplían la normativa
sobre prevención de riesgos laborales, pero eran las únicas posibles
para que el trabajo quedase bien. En cualquier caso, en su trabajo tiene
que mantener posturas muy forzadas durante largo tiempo lo que le afecta
en su salud. Termina muy cansada y con estrés, tanto, que ni descansando
por la noche se siente mejor. La ansiedad la sienten las esteticistas
porque las citas superan temporalmente el horario laboral disponible,
pero la empresa no opta por contratar otra persona o dar menos citas.
¿Y el espacio donde
haces tu trabajo"
Si, son dos salas
de estética, una es pequeñita, tengo que retirar la camilla de la
pared, pa poderme mover, y la otra sí, la otra sí es amplia. Somos
dos esteticistas, pues hay dos salas. En la sala grande, tiene preferencia
los tratamientos y la limpieza, porque allí están todos los aparatos;
y la cera y el resto de trabajos, se hacen en la chica" yo retiro
la camilla para hacerlo mejor. En otras peluquerías, sí ha sido más
incómodo. En "Wonder Sur", por ejemplo, era la sala, tan chica,
que no había manera de retirar la camilla de la pared, sino que lo
tenía que hacer todo desde el mismo lao, y había veces que te dabas
con el brazo en la pared de enfrente, vamos, muy incómoda, no se puede
trabajar bien.
¿Saldrás cansada
del trabajo"
Cansadísima, yo
he tenido veces que he salido con ansiedad de la peluquería, y al día
siguiente, a las nueve de la mañana, he entrado con ansiedad. Con ansiedad,
pero, sin exagerar. Y a Olivia (su compañera) le pasa lo mismo.
¿Y por qué no
cogen menos gente"
Porque no, si es
que son las dos menos diez o menos cinco, y están cogiendo todavía
gente, si hasta las dos no dejan de coger gente, cuando se supone que
a los dos debe estar la peluquería cerrá. Y claro, a las dos deja
de coger gente, pero, la gente que está dentro la tenemos que atender,
¿entiendes" Nosotros no podemos salirnos a las dos si hay gente sin
atender.
Yolanda y su
compañera Olivia, las dos esteticistas, han pedido a sus jefes trabajar
en horario continuo, como ocurre con sus compañeras que son peluqueras
que trabajan mañana o tarde, en semanas alternas. Las esteticistas,
tienen turno partido y trabajan mañana y tarde con un descanso al medio
día, lo que implica que están todo el día pendientes del trabajo
y no tienen tiempo para poder planificar otra actividad en su vida,
sino solamente tienen tiempo para descansar el poco tiempo que puedan
y volver a trabajar. En todos los sectores, también en el de peluquería,
hay ocupaciones que tienen menos derechos que otras, a pesar de que
ninguna sea buena, en este caso las esteticistas tienen peores condiciones
que las peluqueras. Cuando a la empresa le interesa resalta las diferencias
entre las categorías profesionales, para impedir derechos o mejores
condiciones, en este caso a las esteticistas.
Nosotros, antes
de empezar a recoger, si se hubieran terminado todas las citas, tenemos
que preguntar a la gente de peluquería si se quieren hacer algo de
estética. Y lo hacíamos, al principio, pero ahora, después de que
nos han dicho que no con lo del horario, tratamos de recoger las cosas,
para no salir mucho más tarde de la hora de salida, eso si no hay citas
esperando, eso no pasa siempre. Nosotras estamos mañana y tarde, el
único rato que no estamos las dos, es a la hora de comer, que es de
dos a tres y media, en ese tiempo no hay nadie de estética.
¿Y por qué os
ha dicho que no os da el horario continuo"
Porque dice que
nosotras no tenemos nada que ver con peluquería, que la peluquería
y la estética van por separao, y que no se pueden permitir el lujo
de tener la estética sin esteticistas durante algunas horas, y en verdad
eso no es así, porque estaríamos las dos, lo que pasa es que una estaría
por la mañana y otra por la tarde, pero bueno, no lo quieren ver de
esa manera, no les interesa.
Yolanda cobra
entre el 1 y el 5 del mes siguiente a haber trabajado, le dan el dinero
en mano, esto significa que tiene que tomar tiempo propio, antes de
entrar a trabajar para ingresarlo ella, además de tener que llevarlo
encima.
Me suele pagar entre
el 1 y el 5.
¿Te lo ingresan
o te lo dan en mano"
No, me lo dan en
mano, eso es otra cosa, llevo luchando con mi jefe que me lo ingresen
en el banco un montón de tiempo, y la excusa es que él no sabe cómo
se hace eso, qué tiene que hacer pa que ingresen la nómina en la cuenta"
Le pregunto
por lo que más le ha indignado de los trabajos que ha desempeñado
y lo que más le indigna, ya no es que la engañen respecto a sus condiciones,
sino que traten de que ella crea que no lo están haciendo, ciertamente,
muchos trabajadores y trabajadoras asumen empleos con muy malas condiciones,
aunque sepan que muchas veces serían inasumibles, quizá por el miedo
a no encontrar otra cosa o por la necesidad.
¿Qué es lo que
más te ha indignao de los trabajos en los que has estao"
Pues que no lo quieran
reconocer, que no quieran reconocer lo que hacen, que te digan o te
hagan creen que eres tú la que estás equivocá. O que hayan tardado
también tanto tiempo, se hayan negao a pagarme y haya tenío yo que
esperar tanto tiempo, sin cobrar ese dinero, o que no se reconozcan
mis derechos, eso es lo que más me indigna, y además que te sientes
impotente, vamos, porque tampoco puedes hacer ná. Porque, ¿te vas
a pelear a hostias con la jefa" Tampoco puedes hacer eso" el convenio
es lo primero que habría que cambiar, pero es que eso también es otra
cosa, porque, el convenio, que es pésimo de por sí, si encima ¿eso"
¿Ni siquiera lo respetan" Eso sí que es indignante.
Otro elemento
importante son las condiciones de trabajo referidas a los riesgos laborales
que asume una esteticista. Yolanda afirma que las condiciones de trabajo
de su actual trabajo son las menos malas del resto de lugares en los
que ha estado, a pesar de no ser la panacea y ser muy estresante ya
que es una peluquería que tiene siempre gente y personas esperando.
Pero a Yolanda, si le preocupan los riesgos laborales que asumen, sin
poder descansar posturalmente, la ansiedad y estrés y las mismas posturas
día tras día. Incluso han recibido una charla sobre prevención
de riesgos laborales y su jefe se reía de las dificultades que ellas
encuentran para realizar su trabajo. Las sillas regulables no son suficientes
para adaptarse a las necesidades que exige su trabajo, así, terminan
siendo los cuerpos de las trabajadoras la que tienen que adaptarse a
las distintas posiciones que exige su trabajo como esteticista.
La forma en la que
tienes que trabajar, que te llevas, ¡tooodo, el día! Con la espalda
y el cuello doblado, todo el día. Y unos dolores de cervicales, horrorosos,
horrorosos, y como tengas que hacer la pedicura, yo normalmente pongo
a la persona, si es una persona joven o una persona que se puede mover
bien, la pongo en la camilla, y yo sentá en una silla, y ya le levanto
un poco los piés, pero si es una persona mayor o que está gruesa,
o que no se puede mover bien, tiene que estar sentada en un sillón,
y yo en una sillita, ahora, ella pone la pierna, encima de las tuyas.
Si, en tus muslos.
Si, y tú le levantas
el pie, pero ella muchas veces no te puede levantar el pie a una altura
que tu digas: "ahora puedo trabajar". A mí me ha llegao a pasar,
de hacerle la pedicura a una persona obesa, y además, ya mayor, que
no tenía movilidad, y no puede levantar el pie, entonces, meterte,
literalmente, debajo de ella, debajo de ella, ¿yo" He hecho eso"
Una vez, un señor que llegó a la peluquería a darnos una pequeña
charla sobre los accidentes laborales y cosas de esas, y que dice que
las enfermedades profesionales es por posturas, pero tu díces: "Vamos
a ver, nosotros tenemos que buscar la postura adecuada pa que no nos
dañemos la espalda, pero, es que, ante esa situación (la de la señora
que no podía moverse) ¿qué postura es la adecuada"
¿Y tu le dijiste
algo a tu jefe sobre las condiciones de tu trabajo"
Yo se lo dije, digo:
"Pero es que muchas veces nosotros tenemos que trabajar con la espalda
doblá de muchas formas". Y dijo: "Las sillas son regulables".
"Bueno, pero las sillas, aunque son regulables, tienen un límite,
no bajan más de lo que quieras". Y empezó a reirse.
¿Quién"
El jefe, empezó
a reirse, se lo tomó como, a cachondeo, no se.
¿Y ahora como tienes
la espalda"
Bien, pero porque
todavía soy joven, pero de aquí a unos años tendré una joroba como
el "posí", vamos. Luego también, lo que sí me he notao es la
vista, por ejemplo, yo siempre he tenío una vista buenísima, buenísima,
y a lo mejor, tienes que estar, depilando las cejitas, y esforzando
la vista pa poder ver los pelitos de la gente, y sí me he notao que
cada vez me cuesta más verlos" ahora tengo 31.
Yolanda es
una persona que ha tenido que reclamar hasta lo mínimo que debería
cubrir un empleo, como es un contrato, cobrar el salario mensual, o
que éste estuviese equiparado con lo indicado en el convenio colectivo,
lo ha cobrado, pero a veces ha tenido que esperar hasta un año y presionar
junto a compañeros de su sindicato. Hay muchas otras personas que evidentemente
no lo reclaman, este relato no es más que una muestra de los abusos
en este sector.
3 años de
trabajo gratis sin contrato, "para aprender", salarios de 500 euros,
trabajo sin contrato, ritmos de trabajo generadores de ansiedad, no
reconocimiento de la categoría profesional realmente ejercida, impagos
de los salarios, inexistencia de los finiquitos, vacaciones inexistentes,
espacios de trabajo enanos para poder desempeñar el trabajo sin riesgo
para la salud de la trabajadora, agravios comparativos respecto a otras
categorías profesionales y otras compañeras, ritmos de trabajo muy
fuertes, y asunción de los enfados de las clientas, organización del
trabajo y realización de pedidos algo por encima de la categoría profesional
por la que efectivamente le pagan, etc, estas son las condiciones y
los costes personales de quienes trabajan en el ámbito de la "belleza".