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CÓMO LOS GRANDES HIPERMERCADOS
SE DESHACEN DE SUS TRABAJADORES CUANDO LES HAN EXTRAÍDO HASTA LA MÉDULA"
Entrevista realizada por
Carmen Botía Morillas
Sevilla, marzo de 2009
Resumen:
Rafael, 57 años, 600
euros de pensión por invalidez tras 32 años trabajando en el sector
de la distribución al por menor, su salario final, tras su vida profesional
fue de 1.200 euros. Los últimos años desempeñó su trabajo en una
conocida multinacional que absorbió la empresa local en la que comenzó
su actividad profesional.
Su historia muestra cómo
las empresas, las grandes multinacionales se deshacen de sus trabajadores
cuando éstos ya no le son rentables porque físicamente ya sus cuerpos
no pueden satisfacer las demandas que siempre están por encima de los
ritmos y esfuerzos que sería razonable pedir a los trabajadores y trabajadoras
si se velase realmente por la salud y seguridad en el trabajo. La empresa
trata de despedirle, justificando su procedencia, aunque sea una falsedad,
para evitar pagarle la indemnización correspondiente, lo cual también
evitaría que pudiera cobrar la prestación por desempleo a que tiene
derecho.
Esta es su historia:
Rafael, se retiró ganando,
tras 32 años de trabajo, 1.200 Euros, actualmente tiene 57 años y hace
algo menos de un año que le declararon no válido para seguir trabajando
en ninguno de los puestos que ha venido ocupando en la multinacional
de la distribución.
Rafael comenzó trabajando
en un supermercado local de la ciudad de Sevilla, situado en un Polígono
Industrial al que acudían a comprar personas que se asociaban y que
pagaban una cuota anual para acceder a sus productos, que eran ofrecidos
a un precio más barato que el disponible en los supermercados de la
ciudad.
El trabajo que desarrollaba
Rafael era "sacar mercancía para fuera", trabajaba reponiendo y
transportando la mercancía desde los camiones al almacén, y desde
el almacén a las estanterías de los pasillos del supermercado. Cada
trabajador en este supermercado era responsable de un pasillo o sección,
uno se encargaba del pescado, otro de la leche, los cereales, detergentes
y suavizantes y lejías, resto de droguería y perfumería, etc. Cada
trabajador debía ocuparse de que su línea tuviese siempre género
disponible para que pudiera ser comprado. Rafael comenzó a trabajar "descargando camiones",
ya que antes se descargaban echándose a la espalda la mercancía, esto
sucedía hace 32 años, cuando Rafael tenía 25 años.
Este supermercado quedó
pequeño y los propietarios alquilaron otra nave en el mismo polígono
en la que comenzaron a vender productos de Navidad, esta segunda nave
distaba unos 100 metros de la primera nave en la que comenzó a trabajar.
Su primer contrato tuvo una duración de dos meses, tras los cuales
se fue a la calle. Después, volvieron a llamarle para sustituir a un
trabajador que debía abandonar el trabajo para hacer la mili, y Rafael
fue cubriendo las excedencias de todos los trabajadores que dejaban
el trabajo para realizar el servicio militar.
"A mi me daban
el contrato de Pepe, que se iba a la mili,
Pepe estaba dos años en la mili, y transcurría un año y pico, ahora
Juan le tocaba irse a la mili, pues ese contrato, me lo quitaban, y
me daban el de Juan...".
Con el tiempo, el director
tomó confianza con Rafael y le pidió que fuese él quien le hiciese
la compra y la llevase a su casa, lo hacía fuera de sus horas de trabajo,
Rafael le llevaba la compra en su propio coche a su jefe, y éste le
pagaba esta actividad como un extra.
Gracias a la confianza
que tomó con el Director del supermercado se atrevió a decirle que
ya estaba bien de contratos de sustitución, que él ya quería tener
la tranquilidad de saber que tenía un contrato fijo.
"Al principio
cuando daban cuatrocientas mil pesetas, por hacerle un contrato por
un año, pues entonces, me quitaban el contrato del
último que se había ido a la mili, y me hacían a mí
un contrato, pa cobrar ellos cuatrocientas mil pesetas. Y entonces yo
le dije: "Que yo hasta cuando iba a estar firmando contratos, que
yo llevaba ya un porrón de años firmando contratos, y que yo no veía.
Que si yo iba a estar siempre con las carnes abiertas, que me lo dijeran"".
Debido a que Rafael tenía
contacto con el director cuando le llevaba a casa la compra se atrevió
a demandarle una mejora de su situación laboral, que el Director aceptó
por la confianza que ya tenía con él.
Director:
"¿Qué es lo que te pasa Rafael"".
Rafael:
"Que ya me han dao el contrato de Juan, el de Pepe, el de Luis, y
yo no se si también me van a dar el suyo".
Director:
"Es que son cuatrocientas mil pesetas lo que nos dan".
Rafael: Claro,
pero yo le dije: "Pues llama a otro, y que te den las cuatrocientas
mil pesetas por el otro ¿no"".
Tras hablar con él,
éste aceptó hacerle un contrato indefinido y Rafael pasó a ser plantilla
de la empresa. Esta empresa sufrió un incendio, Rafael cree que le
prendieron fuego los propietarios para cobrar el seguro y poder construir
un supermercado de dos plantas ya que hasta el momento desarrollaban
su actividad en dos naves que distaban 100 metros una de otra y debido
a esto las ventas habían descendido, ya que quien compraba no se arriesgaba
a dejar el coche lleno de productos para ir a comprar el resto de productos
que había en la segunda nave, que y ano sólo ofrecía productos de
Navidad. Rafael entiende que la clientela comenzase a comprar en los
supermercados que lo tenían todo centralizado, en un mismo lugar, y
que era lógico que comenzasen a descender las ventas en su empresa,
por tener la producción dividida en dos naves, y el fuego vino a solucionar
la necesidad de inversión sin desembolsar capital.
Tras el fuego, el Director
se fue a Marbella y los trabajadores se quedaron en paro durante cuatro
meses.
El hecho de que cesara
la actividad fue un inconveniente para la Caja de Ahorros que ingresaba
dinero por las comisiones de los pagos efectuados con tarjeta, que en
un grandísimo volumen de ventas, suponían una grandísima cantidad
en comisiones. Esto motivó que la Caja de Ahorros, que era propietaria
de las instalaciones de un supermercado que no pudo hacer frente a los
pagos de la hipoteca, ofreciese estas instalaciones a un buen precio
al propietario y director del supermercado en el que trabajaba Rafael,
para que iniciaran su actividad lo antes posible y las comisiones siguiesen
fluyendo sin tener que esperar a construir una nueva nave. Y tras sólo
cuatro meses en desempleo volvieron a ser contratados en el nuevo supermercado
que la Caja había vendido al propietario tras pagar la hipoteca que
tenía pendiente este establecimiento.
En este nuevo establecimiento,
Rafael comenzó trabajando sacando los embutidos a las estanterías
y mostradores, de donde los tomaban los y las consumidoras, para lo
cual debía empujar una pesada carretilla. Él debía organizar y sacar
la mercancía en función de su fecha de caducidad para evitar pérdidas,
lo cual hacía satisfactoriamente. Tras esto comenzó a trabajar en
la recepción de la mercancía, con los proveedores, atendiendo a los
camiones que llegaban, llevaba el control de todas las mercancías que
legaban, aunque su categoría profesional y su sueldo seguía siendo
el mismo, pero ya sí le daban una gratificación al final de año,
por el dinero que ahorraba a la empresa la organización y trabajo con
los proveedores, que ya no se quejaban y todo fluía mejor que en tiempos
anteriores. Ya que el cuidar la relación con los proveedores, informarles,
llevar los papeles en regla ahorraba dinero a la empresa, y era la forma
como compensaban este ahorro de dinero a Rafael por el trabajo que estaba
realizando.
A mí me tenían ahí,
porque yo ya estaba chungo de la espalda, a mí me tenían ahí, y al
final de año, me daban ciento treinta mil pesetas, aparte de mi sueldo,
una gratificación. En enero me daban 65 y en febrero 65, y eso me lo
daban, por hacer mi trabajo bien hecho.
... esas 130.000 pesetas era compensación por la función que yo estaba
haciendo.
Tras esta etapa, hubo
problemas y conflictos entre quienes ocupaban puestos de responsabilidad
en la empresa, ya que no estaba informatizada y había descontrol que
hacía que perdiesen dinero. Eran demasiados problemas ya para el propietario
de la empresa, que la vendió para vivir bien, sin problemas y evitar
que se hundiese. El propietario hizo esta operación sin informar a
los trabajadores que fueron absorbidos por la nueva empresa.
El problema surgió entonces,
debido a los derechos consolidados de los trabajadores que venían de
la empresa que había sido vendida, entre los que estaba Rafael, frente
a los y las trabajadores de la multinacional de la distribución a la
que se habían incorporado, que tenía a sus trabajadores en unas condiciones
mucho peores y muy diversificadas entre los mismos.
Y
"Recipiente", tiene a la gente, a veinte horas, a doce horas, a
treinta y dos horas, a ocho horas...
Rafael comenzó a sentir
la presión, además de los problemas del lugar en el que se encontraba
la empresa el centro de trabajo, un lugar de prostitución en el que
debido a que ahora tenía que entrar a las 5 de la mañana, frente a
las 9 horas en las que entraba cuando el centro de trabajo no había
sido absorbido por la multinacional, no se encontraba seguro. Pidió
el traslado a otro centro de trabajo y entonces comenzaron a darles
trabajos en los que debía realizar grandes esfuerzos físicos, hasta
que no pudo más y tuvieron que darle de baja, la empresa intentó que
le declarasen inválido lo antes posible. Y aquí comenzó la
última lucha que Rafael ha tenido que llevar a cabo antes de jubilarse
con la espalda dañada para toda su vida.
- Entonces, yo,
como dos o tres veces, me pasó con los chulos y con las putas que había
allí, yo entraba a las cinco de la mañana, de entrar a trabajar en
mi empresa, que entraba a las nueve de la mañana, a entrar a las cinco
la mañana, pues claro, más de una vez, esperando a allí
en la puerta, pues, me venían los chulos, creyendo que yo a lo mejor
estaba buscando algo, y te venían los tíos, con las navajas, pa quitarte
el dinero, y yo ya cogí y se lo dije, subí
arriba, se lo comenté, que ya no era una sola vez, que ya nos había
pasao un montón de ellos, muchas veces. Y es
que el guardia de seguridad no nos abría la puerta hasta que no eran
las cinco menos cinco, y que así no se podía, y yo pedí
el traslado, me dieron el traslado, estuve ahí
perfectamente a lo primero, pero después, me mandaban hacer más esfuerzo
de lo normal, hasta que ya empecé
a caer, empecé a caer, empecé a caer. Venga bajas, venga bajas, venga
bajas. Me mandaban, porque nosotros teníamos
"El Pacífico", una mutua de la Cruz Roja, después esta gente,
ha ido buscando otras mutuas, "Marcre" también, no quería ná,
o no les interesaba, y ahora últimamente, pues están con una que está
en la Enramadilla, y esa es que en cuanto que te das tres veces
de baja, ya están escribiendo a la inspección de la torre de los Remedios1
y te mandan a la inspección, pa que tú
pases a la seguridad social. Entonces,
¿a mí" Sin contar conmigo, ni ná, ni ná, ni ná, yo llevaba cuatro
meses de baja, y cuando me di cuenta me dijeron que
si había recibido yo alguna carta del inspector médico. Le dije que
no, que eso a qué venía.
"- Porque te
hemos mandao al inspector médico.
- Pero, por qué,
- Porque tú
llevas cuatro meses de baja, y lo que tú
tienes no se te va a quitar.
- Entonces ya
lo que tú tienes es que pasar a una invalidez de la seguridad social.
-
¿Y eso como se llama"
- Eso se llama
seiscientos euros.
-
¿Qué" ¡Tú estás loco!. Luego recibí
una carta del inspector médico, fui y me dijo el inspector que no,
que con tós los antecedentes que le había mandao la mutua, que yo
ya no iba a trabajar más, por lo menos haciendo esfuerzos.
- Y le dije:
"Bueno, pues entonces me darán ustedes otro trabajo".
- Y dice:
"No, no, aquí no damos trabajo".
"Lo que te vamos a dar es una paga todos los meses, que no te va a
faltar".
- Si, una paga
de seiscientos euros, ¿y el resto"
¿Quién me lo da a mí"
- Eso es tu problema,
tú sí puedes trabajar, si a tí te sale un trabajo de conserje, o
te sale un trabajo de cualquier cosa, automáticamente nos lo dan por
escrito a nosotros, y nosotros decimos si ese trabajo va contigo o no
va contigo. Entonces, nosotros te damos el 40 % y el resto, el dinero
que tú ganes, ¿Que tú dejas de trabajar" Porque te han despedío
o te han hecho un contrato de seis meses, pues nosotros te volvemos
a dar otra vez los seiscientos euros".
- Entonces yo
le dije que no.
Rafael intentó hablar
de nuevo con su empresa para que le ubicasen en un puesto en el que
no tuviera que hacer demasiados esfuerzos, ya que para dejar el trabajo
tenía que dar su consentimiento. Y le dijo a la empresa:
-
"Yo no me voy, porque esto (señalándose la espalda) me lo he hecho
yo trabajando, esto no me lo he hecho yo en mi casa, tirándome de la
terraza ni bajando las escaleras, y como me lo he hecho aquí
trabajando, entonces...".
-
"No, no, no, a tí que te de la invalidez la mutua". Entonces, ahí,
fue cuando empezaron cada vez a ponerme en sitios peores. Yo estaba
en ferretería, yo cogía los botes, porque ahí se ponen las cabeceras,
los botes de pintura muy altos, ellos los suben hasta el techo.
"¿Qué tú estás malo" Pues es tu problema.
¿Qué tú no lo pones" Pues te sancionamos.
¿Qué tú tiras un bote pa abajo" Pues ya veremos si te lo cobramos".
-
¿Si"
- Así.
Yo ya no podía, el encargao mío que estaba viendo, me coge el encargao
mío, otra vez la baja. Y el inspector
cuando me ve, me dice: "Mira, hasta aquí
has llegao". "Tú ya eres pensionista desde hoy". Y le digo al
tío, que no, que no, que no, que haga el favor, que no, que no, que
no.
-
"Que tú eres pensionista".
- Y ya se me saltaron
las lágrimas, y ya le dije al tío, (al inspector).
Que me iba a buscar una ruina.
Puede ser que algunas
personas que lean el relato consideren, que lo mejor que podía hacer
Rafael era dejar el trabajo y aceptar 600 euros, pero no es justo, debido
a que lo van a declarar inválido precisamente por sus problemas de
espalda, y los dolores que ya le van a acompañar toda su vida, y porque
tiene que mantener a una familia, aunque sus hijos ya eran mayores,
tenía 57 años, y no se le reconocía nada del esfuerzo y la salud
que puso en un trabajo durante toda su vida laboral, y la pensión que
le quedaba no equiparaba su salario.
Tras las lágrimas de
Rafael, el inspector cedió y le dijo que volviese a ir al centro de
trabajo y que les dijera que le cambiasen de puesto de trabajo.
"Y si no te cambian de
puesto, tú eres pensionista, en cuantito que entres por la puerta.
Pasao mañana tienes que estar aquí
y decirme; "Si te van a cambiar",
o: "Si no te van a cambiar. ¿Cómo no te cambien" Eres pensionista,
te hago yo pensionista, quieras tú
o no quieras".
Rafael pidió un cambio
de puesto, de quitaron de ferretería y le pusieron en la sección de
las bombillas. El inspector no se creía que el cambio fuese en serio,
le dijo que sabía cómo funcionaban estos establecimientos, cuando
ya han destrozado la espalda en este caso, o el cuerpo: "a la calle"
y sin reconocerle sus derechos., ya no le es útil, ya está devastado
físicamente, pero después de procesos como el de Rafael, también
psicológicamente, ya no les sirve para exprimirle más.
Inspector:
¿En las bombillas" "Hoy, y mañana. Pasado no,
¿no" El otro día fui contigo bastante fiero, ahora te voy a dar la
respuesta, tú vas a estar tres días en las bombillas, al que hace
cuatro, a esta gente ya no le interesas tú. Tú
ya, has rendío to lo que tenías que rendir, y ahora ellos
quieren que la seguridad social te acoja. Y la seguridad social, te
va a acoger, porque con lo que tú
tienes, te tiene que acoger la seguridad social, por supuesto, porque
yo no estampo ahí mi firma por gusto, yo la estampo porque es verdad
lo que tu tienes. Entonces, yo te voy a dar una opción, y es que, la
próxima vez que te vea entrar por la puerta, que va a ser dentro de
muy poco, tú eres pensionista, con seiscientos, con cuatrocientos,
con doscientos, con lo que sea, eres pensionista, porque tú
vas a terminar en una silla de ruedas. Entonces, yo no te voy a sentar
en la silla de ruedas, yo te voy a dejar de pie.
Esto le dijo el inspector
a Rafael.
Y claro, desde el primer
día ya me estaban dando trabajo, que no eran las bombillas solo, ya
estaban ahí.
Rafael entonces, habló
con la responsable de recursos humanos, y le preguntó por qué ya le
estaban mandando trabajos de esfuerzo, ya que sí que le habían cambiado
de puesto, pero a uno peor en el que debía hacer mayor esfuerzo y que
era peor para su espalda.
-
¿Y qué puesto me buscan" ¿Uno" Peor todavía.
Lo ponen en la panadería,
le dicen que allí va a estar muy bien, pero la panadería supone coger
grandes bandejas cuyo peso es soportado por la espalda y es fatal para
Rafael, además de que el horno estuviese averiado, y al abrir la puerta
del mismo casi dejase ciego a Rafael.
Y allí
es espantoso, coger las bateas de pan, agachándome, coger un carro
entero de bateas, y desde abajo, hasta la altura esta, to agachao, poniéndolo
en la máquina pa envasarlo, y no es:
"Pongo una barrita". No, no, ahí
es: "Pon, pon, pon, pon". Porque la máquina no puede parar.
Rafael dice que nunca
apareció por su puesto la directora de recursos humanos, porque sabía
el tipo de esfuerzos que tenía que realizar, sólo aparició un día
el director, porque se llevaba el pan, que de manera irónica le dijo:
Director:
¡Hombre! Aquí estarás bien, ¿no"
Rafael:
¿Qué aquí estoy bien" Estoy peor,
¿no"
Director:
Hombre, ¿cómo peor" Si aquí na más que con el olor del pan,
Rafael: Ahh,
es verdad, el olor del pan es el que me cura a mí
lo de la espalda. Pues mire usted, yo tengo ahora lo que no tenía antes.
Yo ya estoy hasta padeciendo de los riñones, y como usted comprenderá,
A pesar de que el director
sabía el sobreesfuerzo que suponía ese trabajo para su espalda. En
realidad su objetivo era que Rafael desistiese y aceptase de una vez
su invalidez. Rafael menciona el caso de un compañero de trabajo de
otro centro, que sufría una situación similar a la suya, el joven,
porque era más joven que Rafael entró en una depresión a causa del
acoso que ha derivado en un estado de salud que ha acabado matándole.
Rafael comenta la secuencia que siguen las órdenes en la empresa. Salen
de la dirección y pasan por los diferentes puestos de responsabilidad
hasta llegar a los y las trabajadoras, y las actividades que ordena
que se realicen no son necesariamente útiles para la correcta actividad
de la empresa, sino que su objetivo es realmente humillar, o motivar
el abandono del trabajo por parte de los y las trabajadoras concretas
de las que pretenden ahorrarse la indemnización por despido, aunque
el precio sea la vida de una persona, y esto en sentido real o figurado.
¿Qué es lo que ellos
estaban buscando" Pues terminar de arriñonarme y que terminara en la
seguridad social. "Un tío de treinta y dos años (de antig"d)
nos lo quitamos de en medio, tiene cincuenta y siete años, ya no nos
interesa". Porque ahí ya cuando
llegas a los cincuenta años o por ahí, ya no.
Ahora se acaban de cargar a uno que estaba en
"San Pablo". Pero vamos, de galope. Un chaval, casao, cuando han
empezao a darle, darle, darle, y ha terminao en salud mental, hasta
que hace un mes se lo han cargao, vamos.
¿Cómo que se lo han cargao"
Como que se lo han cargao,
que tenía el chaval, una depresión, y yo no se, se ha muerto hace
menos de un mes.
¿Se ha muerto o se ha
suicidao"
No, no, no, se ha muerto,
se ha muerto, porque la misma depresión que tenía, se le ha complicao,
ya no comía,
¿Pero, le habían acosao
en el trabajo"
Si, si, si, le estaban
haciendo imposible la vida, que eso es lo que tienen aquí, el director,
no. el director no, él es el que ordena. El director coge al jefe de
sección, y el jefe de sección, se lo manda al encargao, al
"mando" que le dicen, pues el mando inferior.
"Escucha, a este hay que darle por aquí, por aquí, por aquí, lo
pones allí, que te quite to eso, después de que te quite to eso, lo
pones pa que coja toas las sillas,
las suba arriba, ¿las mesas" Las suba.
¿Los sacos de comida de perro" Que los coja y los suba con la máquina,
y si no, que se suba al primer piso por la escalera, y que lo haga".
Ahí no hay otra opción. Y baja todos los días el tío pa ver si se
está haciendo o no se está haciendo, porque eso sí
lo tiene. Si a ti te ve, no te dice ná, que te ve sentao, a ti no te
dice ná, se va pa el mando y le dice:
"Oye, ¿este" Lo he visto sentao, con que quiere decir que más fuerte
hay que darle.
En la panadería, a través,
de una niña que había entrado a trabajar unos días antes, le dijeron
a Rafael que limpiara por debajo todos los muebles.
¿Lo que no se veía" Eso
es lo que yo tenía que darle. Yo cogí, tiré unos cartones en el suelo,
y me tiré a limpiarlo. Aquello enchufao con corriente, expuesto a que
me hubiese dao un viaje, y me hubiese dejao allí.
Y otro día, fue a abrir
el horno, que no funcionaba bien porque calentaba demasiado, al abrir,
el calor le quemó los ojos y corrió a echarse agua.
Vinieron los compañeros:
"¿Niño" ¿Qué te ha pasao" Si estamos hartos, a mí ya me ha pasao
cuatro o cinco veces.
Sus compañeros le cuentan
que ya habían informado pero la empresa no lo arreglaba, hasta el momento
ninguna de las quemaduras había supuesto que ningún trabajador o trabajadora
perdiera la vista. Tras echarse agua, Rafael le dijo a su jefe que se
iba al policlínico (un hospital público) para que le miraran los ojos,
pero que el jefe de Sección que le oyó hablando con el encargado evitó
que fuese a un hospital público, y le dijo que debía ir a la mutua.
"Mira, que lo ha escuchao
el jefe, y que dice que vayas a la mutua, que al Policlínico no, que
las cosas que te pasan aquí hay que ir a la mutua".
Entonces subió a Recursos
Humanos para que le hiciesen una autorización, en estos casos debe
ser el jefe quien debe acompañar al trabajador a la mutua y acompañarle
hasta que le hubieran atendido y hubiese terminado. Fue cuando desde
Recursos humanos llamaron a su jefe:
-
"Sube pa arriba, que tienes que llevar a
Rafael". Tardó cerca de tres cuartos de hora. Cuando llega, le dicen:
"Escucha, que Rafael lleva aquí
ya una hora con la quemadura de los ojos".
"Vale, vale, tranquilo, que Rafael va a ir a la mutua".
Parece que el jefe le
dijo que no le dejase solo. Cuando el encargado le llevaba a la clínica,
en vez de ir por el camino más corto y lo más rápido posible, iba
dando rodeos y hablando por teléfono, conduciendo tranquilamente, cree
Rafael que para no llegar lo antes posible, porque si no lo logra explicárselo.
Él tranquilito, llegamos
a la consulta, y cuando salgo veo que no está
el tío.
Rafael preguntó allí
en el primer lugar al que lo llevaron, pero no era allí donde debían
atenderle, así, le dieron un documento para que fuese atendido en una
clínica. Cuando salió, el encargado no estaba. Llegó algo más tarde
y se dirigieron a la clínica. Cuando llegaron estaba cerrada. Eran
ya las tres del medio día y hasta las cinco no abrían de nuevo la
clínica, fue lo que le dijo a Rafael la persona que abrió cuando él
tocó pero no era quien le podía atender. Y esto le dijo Rafael a su
encargado, que no abrían hasta la cinco.
¿A las cinco, a las cinco,
pues anda que"
Debido al calor por estar
bajo el sol de la ciudad de Sevilla, Rafael trató de sentarse en un
banco que había cerca de la puerta de la clínica que estaba bajo un
árbol. El encargado entonces, le pidió que se quitara de allí y que
se pusiera al lado del coche de pie, dentro del cual estaba el propio
encargado con el aire acondicionado. Cuando Rafael no se levantó del
banco, el encargado se dirigió a él, comenzó a discutir y le amenazó
de muerte.
Encargado: "¿Tú es que
no te enteras" ¿No" Por lo visto. Te voy a decir una cosa, ¿ves la
hora que es" Tú ya no trabajas en "Recipiente". ¿Tú" Hace ya
media hora, que no trabajas en "Recipiente".
¿Te habían despedido"
Rafael: Pues mira, ya estoy
despedido.
Encargado: "Tú ya hace
media hora que has dejao de trabajar en "Recipiente". (Y el encargado
siguió diciéndole) ¿Ahora, a cosa particular mía" Ahora, a cosa
particular mía te voy a decir una cosa: ¡Me tienes hasta los mismos
cojones! Y algo más, a particular mío: "Me tienes hasta los mismos
cojones, chiquinino de mierda, y te voy a cortar el cuello".
A Rafael, le habían
dicho sus amigos, que tratase de no exaltarse, de no seguir ninguna
provocación que le hiciesen y que no se pusiera nervioso, y por eso
respiró y trató de no responderle a la provocación que le estaban
haciendo y precisamente en esas circunstancias. Y le contestó:
Rafael:
Pues córtamelo.
Encargado:
No, no, no, si te lo voy a cortar, pero aquí
no te lo voy a cortar porque ya me ha visto la muchacha (la de la clínica
que abrió la puerta para decir que no abrían hasta las cinco). Y entonces
si te corto el cuello ahora mismo, la muchacha va a decir:
"Fue Fulanito de tal". Así que te lo voy a cortar otro día, que
tengo más días pa cortarte el cuello.
Y después de eso, el
encargado se fue de allí.
Rafael permaneció en
la puerta de la clínica hasta que abrieron, y les contó lo que había
pasado, le vieron los ojos y después Rafael fue al juzgado a denunciar
las amenazas que había recibido.
Después, Rafael quitó
la denuncia, cuando ya se rindió porque ya no podía más, la retirada
de la denuncia era una de las condiciones que ponía la empresa para
llegar a un acuerdo sobre la indemnización y evitar así llegar a juicio,
y Rafael la quitó.
Ya esta gente empezó a
decir que si no se quitaba la denuncia, que no me daban el dinero, los
54.000 euros que me tenía que indemnizar por los 32 años de trabajo....
No hay dinero si no hay retirada de denuncia.
Se refiere a que no lo
pagarían inmediatamente, sino cuando ya hubiera sentencia judicial
firme. A Rafael le aconsejaron que le quitara la denuncia, para poder
cobrar el dinero y olvidarse del tema, tras eso lo vio un día en la
calle en actitud chula y tratando de provocar a Rafael, pero su mujer
que le acompañaba le dijo:
"Déjalo, porque lo que
está buscando, ahora que tú le has quitao la denuncia, ahora, si se
lía la cosa, va a ser peor para tí.
Evidentemente, que el
encargado le comunicara de palabra que ya había dejado de trabajar
para la empresa mientras esperaba para ser atendido en la Clínica,
no supone una comunicación oficial del despido. Rafael, que fue a trabajar
al día siguiente porque la quemadura de los ojos no le había supuesto
la baja. Al día siguiente le dijo a la Jefa de Recursos Humanos delante
del personal "que estaba vivo de milagro y no por abrir la puerta
del horno, que le pudo dejar ciego, sino porque su mando intermedio
le quiso cortar el cuello". La jefa de recursos humanos, para evitar
que contara delante del resto de trabajadores lo que había pasado,
le dijo:
"Bueno, bueno, bueno, eso
si tú quieres hablarlo, lo hablamos en mi despacho, aquí no, en mi
despacho lo hablamos".
Y le digo: "Pues en tu despacho
te vas a quedar sentá, porque este que está aquí, no va a tu despacho.
Y tras esta conversación
Rafael decidió aceptar irse y no seguir luchando por mantener su puesto
de trabajo.
Rafael era de CNT, y
el secretario sindical de este sindicato fue a negociar con la empresa
la cantidad que le correspondía por el despido improcedente, aunque
Rafael todavía no había sido despedido oficialmente.
La cantidad que le pidieron
fue negada por la empresa, tras movilizaciones en la puerta de la empresa,
lograron que fuese la empresa quien llamara para llegar a un acuerdo.
Y la empresa, le dijo a su representante sindical que le habían puesto
una demanda por despido, por no trabajar, incluso le amenazaron con
que llevarían al juicio a trabajadoras jóvenes que tenían contratos
temporales y precarios en la empresa para que declararan contra él,
argumentando "lo que hiciera falta".
Un día oí
que les decían a las chicas: "Que tu contrato se va a cumplir. Tu
contrato está a puntito de cumplirse. Si tu vienes, si tú
eres capaz de declarar contra este hombre, nosotros te decimos qué
es lo que tienes que decir, tú aquí
no tienes nada, aquí los abogaos te van a decir qué
es lo que tú tienes que decir, qué
has escuchao de él". Entonces, no se lo dijeron solo a una, sino
a otra y a otra. Claro, estaban los contratos a puntito, pues claro,
las niñas, sin tener ná, porque ellas no tienen ná
contra mí. Y yo estoy loco por hablar con la mujer que estaba hablando
a las chicas, pa que me diga: "¿Qué le he hecho yo"".
¡Que fuerte vamos!
El
bufete de los Barrigues ya estaba funcionando pa buscar la fórmula
de echarme sin un duro, y entonces, fue cuando mi
representante sindical les dijo: "Bueno, si tenéis cojones, me lo
echáis a la calle". Y ellos dijeron:
"Si, si, te lo vamos a echar a la calle".
"¿Si" Pues echármelo ahora mismo, no vamos a esperar, a que haya
juicio, sino ahora mismo, si tenéis cojones, aquí
estáis cinco personas, que sois jefes, ahora mismo, con una llamada
telefónica que hagáis, a este hombre me lo tiráis a la calle. Ahora
mismo. No vamos a esperar al juicio, ni vamos a esperar a ná. Tirármelo
a la calle ahora mismo, si tenéis huevos, si os consideráis con huevos
suficientes, me lo tiráis a la calle".
Rafael no estaba delante.
El representante de CNT se fue de la sala en la que "negociaron",
pero les dijo antes que en cuanto lo despidieran allí estaría la CNT
en la puerta de la empresa todos los días que hiciese falta.
Con que señores, hasta
luego.
Al día siguiente la
empresa llamó a la CNT,y trataron de negociar y de llegar a un acuerdo.
Antes de aceptar la negociación, el representante sindical se reunión
con dos abogados de CNT y con Rafael ya que la decisión sobre hasta
dónde llegar le correspondía a él, y el sindicato estaría ahí para
apoyarle en lo que él hubiese decidido.
Evidentemente, la empresa
le puso una demanda por despido procedente, pero hasta el momento no
lo habían despedido oficialmente, no podían hacerlo, por mucho bufete
de prestigio que hubiesen contratado.
La empresa volvió a
llamar a la CNT para tratar de llegar a un acuerdo, le ofrecían "casi"
todo lo que le correspondía, 40 días por año trabajado, ya que le
correspondía 45 días por año trabajando, pero Rafael prefirió llegar
a un acuerdo en ese momento, porque personalmente valoró que ya estaba
destrozado y quería concluir el proceso cuanto antes. La decisión
fue de Rafael, quería estar ya en paz y tratar de reconstruir su vida
y su salud.
¿Y ahora cómo estás
Rafael"
Pues ahora estoy bien,
lo que pasa es que me duele muchísimo la cintura, no duermo muy bien...