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Relatos breves
07/10/2009 Autor: Correo Electrónico
Están Robando En C. R.
Hola a todos: La historia que os voy a contar parece surrealista pero no lo es. Es una historia real con personajes reales, en un sitio que aún existe y donde los abusos continúan según compañeros, y es esto último lo que me hace enviaros esta carta, porque ya por mí no tiene sentido porque fui despedido hace un año. El enunciado de la carta hace referencia a otro artículo escrito por un compañero en una de las páginas de GreenPeace sobre este mismo asunto que tratamos. CJ es un hotel o empresa de multipropiedad que está ubicada en Calahonda, Mijas Costa (Málaga). Aunque esta empresa es subcontrata de una multinacional inglesa, la misma está dirigida por españoles aunque su director es inglés y luego explicaré el por qué.
Yo llegué a la misma hace unos ocho años como técnico de mantenimiento y la verdad es que fui bien acogido tanto por compañeros como por los propios jefes que me trataban bien, quizás por mi carácter abierto y por conservar una actitud positiva frente a muchos aspectos o situaciones complicadas que allí se presentaban. Esto mismo hizo que otro compañero se fijara en mí para formar parte de una lista sindical de la que el era miembro, en concreto de UGT.
Se celebraron las elecciones y formé parte del comité de trabajadores que presidía un compañero piscinero por el sindicato de CCOO. Con el tiempo las relaciones con él se fueron deteriorando porque pasó de enfrentarse a la dirección de la empresa sin motivo aparente, supongo por despecho, a hacerlo conmigo y aliarse con ella dejando de lado las reivindicaciones de los compañeros, hasta tal punto de convencer a las chicas de uno de los departamentos para que se subrogasen a una empresa "alegal" y paralela que se encargaba del servicio de limpieza del hotel, entre otras cosas. Fue tal esta alianza que me quedé solo defendiendo a compañeros ante las injusticias que el hotel se iban sucediendo. Con el tiempo, y en una de esas "calmas-tensas" conseguí que la empresa me cediera una pequeña y fría habitación donde tan solo cabían una mesa y dos sillas, y donde pasaba horas y horas esperando, muchas de ellas de mi tiempo libre, a cualquier compañero que necesitara de información o de ayuda en algún momento difícil.
Esto parece que no le hizo gracia al resto del comité, que pidió el local a priori muy alejado del centro de trabajo, justamente en uno de los complejos en la terraza, junto a la sala de máquinas del ascensor, un lugar donde ya de antemano se sabía que no iba a ir nadie a hacer consulta alguna o tan siquiera a reunirse por lo alejado del centro de actividades del hotel. Tampoco le hizo gracia a la propia dirección que destinase este localcito a estos menesteres porque aquí empezaron los problemas. Hasta tal punto fue así que los pocos compañeros que venían a consultar a este cuartillo, dejaron de hacerlo para que no les vieran hablando conmigo. De esa manera, denunciando a través de escritos los comportamientos poco ortodoxos de la dirección y la alineación con la misma por parte del resto de compañeros del comité de empresa, los cuales medraron notablemente en el tiempo, me gané la etiqueta de ser el apestado de CJ. Nadie quería hablar conmigo o tan siquiera comer en el comedor junto a mí. Si a esto le añadimos que me ponían a hacer tareas también en solitario, daba como resultado una especie de paria que vagaba deambulante por el sitio de trabajo sin poder relacionarse con nadie que no fuera alejado de las miradas del resto.
Con el tiempo, y a pesar de que toda mi vida me he considerado una persona fuerte, debo reconocer que en muchos momentos sentía debilidad. Ir cada día al trabajo me suponía un esfuerzo importante. Las tareas eran cada vez más tediosas. Antes de ser despedido me tuvieron poniendo ventiladores de techo en los apartamentos durante algo más de un año. Los ponía yo solo, todo el tiempo y sin hacer otra cosa aparte de eso mismo, a pesar de que antes de mí habían estado un par de compañeros juntos haciendo la misma tarea y los quitaron cuando empezaron a sentir molestias, pero a mí me tuvieron todo ese tiempo porque no llegué nunca a quejarme.
El trabajo consistía exactamente en taladrar el techo de los apartamentos con una broca de gran diámetro, lo que te obligaba a mantener los brazos en alto durante mucho tiempo para luego colocar una pasta química bastante tóxica que casi te emborrachaba, que servía de fijación a los tacos que recibirían finalmente al ventilador, después de ponerte la cara y los ojos llenos de polvo y tierra. Os puedo asegura que algunos días no podía conducir mi coche de vuelta a casa de la insensibilidad que sentía en mis manos y dedos debido al percutor del taladro que me provocaba un desagradable hormigueo seguido de calambres. Creo que los obreros que trabajan con un martillo percutor en las obras deben saber a lo que me refiero. Pues bueno, tras muchos abusos entre los que se encontraban el intentar crear contusiones buscando el enfrentamiento con mis propios compañeros, cosa que habitualmente conseguían,arrancarme los informativos en campaña electoral, enviarme desde recepción múltiples veces a reparar averías que no existían...y todo un rosario de despropósitos que no quiero ni recordar, empecé por fin a tener problemas de salud.
Primero aparecieron los dolores de cabeza que yo lo achacaba a las pocas horas de sueño. Luego vinieron vértigos, dolores de espalda, cuello...etc, y que me hacían faltar al trabajo cada cierto tiempo, hasta tal punto que una de las veces estuve varios meses de baja con trastornos de ansiedad. Estuve en tratamiento psicológico pero nada dio resultado porque en definitiva el problema no tenía solución que no fuera venirme de allí, cosa que no entraban dentro de mis planes por arrastrar, como muchos, una hipoteca de mil euros mensuales. La verdad es que luego al tiempo he pensado que llegué a esa situación porque me negaba a reconocer que estaban pudiendo conmigo, jefes, compañeros, el mismo presidente del comité de empresa que incluso utilizaba a su propia esposa que era recepcionista para hacer lo propio conmigo. Era como una especie de caza de brujas donde se premiaba con no sé qué, quien consiguiera mi cabeza, y la verdad es que habían bastantes participantes.
Como yo resistía, dos de los jefes, a quien directamente culpo de la deriva de la empresa, decidieron ponerme a un detective privado como último recurso para acabar conmigo y zanjar el asunto. Tras un año y cuatro meses de seguimiento por parte del detective, según se demostró en el juicio donde intenté probar sin éxito mi inocencia, el trabajo les dio fruto al conseguir fotografiarme dos días antes de darme de alta por los problemas de espalda y cuello que me producía el estar taladrando a diario todos los techos de las habitaciones del hotel, llevando un cubo de agua a unas gallinas que tengo aquí al lado de mi casa en un pequeño corral hecho de palos de madera. Debo reconocer que hicieron un "buen trabajo", aunque les llevó su tiempo. El tiempo de pillarme con ese cubo de agua que les permitió legalmente despedir a un delegado sindical al que tenían acosado por ser un personaje ciertamente "incómodo". Antes de este despido, por consejo de mi sindicato denuncié al inspección de trabajo, cosa que no me sirvió de nada a pesar de que al poco de hacerlo yo, otro compañero denunció también por acoso.
Una vez despedido, estos dos jefes, uno director de mantenimiento y el otro con un cargo ficticio que se hace llamar director de "operaciones", pero que en realidad tiene más poder de decisión que el director (esto es lo que os decía antes), empiezan a expulsar a trabajadores del hotel hasta llegar al número de quince, lo que en términos laborales se llama un ERE encubierto, sin que el actual comité de empresa moviera un dedo. Entre las personas despedidas se encuentra paradójicamente este mismo director de mantenimiento ideólogo de la maniobra y al que supuestamente indemnizan con cerca de 120.000 euros, a pesar de que tenía dentro del hotel creada una subcontrata, cuya esposa era testaferro, donde trabajaban tíos y primos suyos y que hacían los trabajos grandes de reformas del hotel tras acordar los precios de adjudicación con el "director operativo", el cual sigue trabajando en el hotel y que ha cogido recientemente la dirección del departamento de mantenimiento ante la evidente falta de personal. También hay que decir que este director de operaciones u operativo, tiene a dos de sus hijos trabajando en el hotel. En concreto a su hijo en el departamento de reservas, ganando un "respetable" salario y a una de sus hijas haciendo espectáculos de baile que alterna con sus estudios, en el restaurante del propio hotel.
En definitiva esto es a grandes rasgos la historia que aún está por terminar. Este director de mantenimiento, al que como he dicho no lo han echado por despido procedente o le han puesto también un detective y no le han hecho devolver lo que supuestamente se ha llevado, sino que encima le han liquidado con esa enorme cantidad de dinero para una persona que tenía una antigüedad de solo diez años, ahora pasea a niños en edad escolar en su avioneta nueva por las playas de Marbella, hasta que llegue el día, que según se rumorea no será muy tarde, será nuevamente readmitido en CJ, para volver al lugar desde el que ha desorganizado y esquilmado, junto a su socio, los bienes del hotel que a duras penas se recupera a día de hoy del zarpazo al que se ha visto sometido y mientras entre todos idean excusas a diario para justificar que los clientes no pueden poner siquiera las estufas en invierno para sus pobres niños porque les saltan los plomos debido a una instalación eléctrica obsoleta, o aire acondicionado en estos veranos terribles de la Costa del Sol, porque o están rotos o simplemente porque la mayoría de los apartamentos carecen de ellos.
Por último quiero dedicar mi esfuerzo, mi sufrimiento, el apoyo que mi sindicato me ha brindado en todo este tiempo viendo impotente como iba siendo consumido por la injusticia ... a todas las personas que hay día de hoy están sufriendo unas circunstancias similares, agravadas por la coyuntura económica que estamos viviendo y que es caldo de cultivo para el resurgimiento de esos "directivos" sin vocación, formación o escrúpulos, elegidos la mayoría de las veces a dedo y que ven en la crisis una buena oportunidad para ahondar en los bolsillos de trabajadores honrados, y en los intereses de las empresas de las que tristemente, forman parte.
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